Somos seres inconclusos


Fragmento de la cartilla “Educación social y Comunidad de Aprendizaje”
Dice Paulo Freire en “El grito Manso” que: “Los seres humanos […] sabemos que somos inacabados. Y es precisamente ahí, en esta radicalidad de la experiencia humana, que reside la posibilidad de la educación.
La conciencia del inacabamiento creó lo que llamamos la “educabilidad del ser”. La educación es entonces una especificidad humana.” Es en esa posibilidad de siempre ser mejores, de siempre cambiar, de siempre ser más (ser más nosotros/as mismos/as, más auténticos/as; y ser más en cantidad, en grupo, en organización) que centramos nuestra ESPERANZA.
Y la esperanza es el elemento imprescindible para nuestro trabajo: si no hay esperanza, nuestro trabajo es sólo reproducción. Reproducción de una sociedad injusta; reproducción del hoy en el mañana, y del mañana en el día siguiente, y siempre igual; reproducción de aquello que nos oprime y nos expulsa. En cambio, si tenemos esperanza (una esperanza cierta,  concreta, real, basada en el análisis de nuestro presente y en las seguridades que nos da la organización comunitaria) nuestro trabajo es construir nuevos mundos, nuevas realidades, más justas y para todos/as.
La educación se propone como instancia de diálogo y devolución entre los docentes y los estudiantes que forman parte del recorrido, reconociendo en el acto de enseñar y aprender dos inteligencias y dos voluntades.
En términos de Rancière, emancipar consiste en permitirle al otro formular, mirar, aceptar, discutir, escribir, tomar la palabra. Es habilitarlo en su subjetividad.

¿A qué llamamos Educación Social?
Y en el DOSESS ocurre el encuentro entre personas que necesitan organizar sus territorios (constituirse como sujetos en ellos: proceso de educación popular), y el Estado que -además de recursos- trae a este espacio su propia agenda de transformaciones. Este espacio de encuentro y diálogo entre un colectivo en construcción y el Estado, nos parece apropiado denominarlo de educación social.