Aportes para el debate: pensando el proyecto nacional y popular

Por Emiliano Recalde

Equipo de coordinación

Tenemos ciertas imágenes, en estos años de Gobierno que nos han sabido convocar, con un fuerte contenido simbólico de una infinidad de acontecimientos que nos han impulsado y arrastrado a incorporarnos a acompañar el Proyecto y pensar nuestros proyectos. Hoy, vivimos plenamente en un hilo que pareciera estar siempre a punto de cortarse por la contingencia de los acontecimientos, navegamos entre la conciencia del desastre de una década perdida que pensamos podría volver y la utopía del cambio de la historia.


En la década perdida de los años del saqueo político e ideológico se desprendieron desde las principales estructuras políticas, los medios de comunicación hegemónicos, un profundo sentido deslegitimador de la política y hoy reaparecen en ciertos candidatos de sketch televisivo que no dicen nada, o peor aún, formulan ideas que ocultan mundos. Mundos de desaciertos para las mayorías populares que siempre han sido el factor de ajuste, de destierros de ideas y de hazañas populares de una vida más equitativa, del sueño de los justos…y podemos pensar esa marca, ese trazo como la más profunda huella que dejaron los años de vaciamiento: la imposibilidad de pensar un proyecto colectivo de características emancipatorias, de pensar la política como un legado trágico sobre lo que siempre falta.


Hoy pensamos mundos, tiempos militantes, confrontaciones de corte mayor, remolinos de ideas que permitan recuperar la patria de aquellos poseedores de siempre. Cambiar la historia significa justamente eso, cambiar la historia. No un gobierno. Sino cambiar la historia. Por eso hay ciertos discursos en el Proyecto que nos convocan a empoderarnos, a pensar al pueblo en el poder, a asumir la idea del pueblo como sujeto de la historia no sin pensar en la dificultades y contrariedades. Pudimos nuevamente ponerle nombre a las cosas, a las figuras oscuras que digitan mundos y sentidos sobre nuestra cotidianeidad haciendo verdades de lo irreal y trayendo tempestades aún irresolubles. Porque ciertas veces, los implícitos son mucho más fuertes y de difícil ubicar, es donde el poder no necesita mostrar su negatividad.

En esta década ganada nos permitimos pensar un proyecto colectivo, nacional, popular y democrático que arrebate la idea del país originario que la política corrompe, un país originario sin confrontaciones ni disputas por la equidad. Pensar en cambiar la historia de los hombres y mujeres de nuestra patria, hoy más grande que nunca, es contestar a esa historia irreversible. Quizás la encrucijada sea irresoluble pero nos movilizamos con la voluntad y la convicción de creer que esta vez el cambio no va a quedar inconcluso.

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