Educación para nuevas relaciones laborales: Cooperativas de trabajo tecnológicas y universidad

Autoras/es
Cambá, Cooperativa Tecnológica
Integrada por personas con múltiples perfiles e intereses, son socias y trabajadoras, generando relaciones laborales más justas en el colectivo, con sus clientes y la comunidad. Comparten una visión sobre el trabajo, basada en el software libre, la libre circulación del conocimiento, la actualización, la innovación, la economía social y la soberanía tecnológica. Desarrollan y colaboran con la sociedad desde la producción de tecnología, software, integraciones con hardware, la educación y la creatividad.

Resumen
El proceso de formación de profesionales y personas capacitadas en diversas áreas es clave dentro de las políticas de educación pública y en particular de las universidades. En esta ponencia reflexionaremos particularmente desde la experiencia de Cambá, cooperativa de trabajo tecnológica con mayoría de integrantes formados en la Universidad de Quilmes. Junto a otras cooperativas, como Gaia, Maizal, Código Libre, Tecso, hemos transitado la educación pública en una universidad con carreras y especializaciones de Economía Social y Solidaria.
En este sentido, desde la experiencia como cooperativas de trabajo de base tecnológicas, desplegadas en un rubro privilegiado dentro del actual contexto económico, creemos en la importancia de una universidad que forme profesionales críticos y los nuclee territorialmente.
Lejos de las economías de plataforma, de la formación para el trabajo en grandes empresas y de la precarización laboral de la juventud, queremos una educación que nos interpele como profesionales.
De esta forma se podrían abrir caminos para la construcción de otra economía, la generación de nuevas relaciones de trabajo y la reflexión crítica sobre el consumo y desarrollo de tecnologías. Buscamos y queremos en la educación pública la inclusión de herramientas de formación alternativa para promover el trabajo autogestionado, cooperativo y colaborativo.
Trabajo y Tecnología: agrietando la coyuntura Mientras el mercado es regido por las corporaciones que continúan marcando agenda en la economía regional, los principales indicadores sobre las condiciones de vida continúan deteriorándose.
Durante las últimas décadas se experimentaron cambios significativos en las formas de generación y extracción de valor, como así en las formas de organización del trabajo. El conocimiento y la información comenzaron a ser elementos cada vez más importantes en la producción, y una gama de bienes emergentes han dado lugar a nuevas prácticas económicas.
Castells se refiere a un capitalismo informacional, en el cual la generación de conocimiento, su procesamiento, transmisión y control, devienen fuentes principales de productividad y poder (1999; 2009). Mientras su desarrollo tiene lugar, también avanza la tendencia hacia su privatización. Códigos, información, símbolos, imágenes, ideas, conocimientos, subjetividades y relaciones sociales.
Los elementos cognitivos toman lugar en la escena productiva, y la privatización de este mundo inmaterial trae como consecuencia la ampliación de los espacios mercatilizados.
En este contexto, circula un discurso hegemónico en relación al acceso al mundo del trabajo,que tiene que ver con la imposición de una cultura laboral basada en el emprendedurismo individual, cuya lógica desarticula toda capacidad de organización colectiva.
Las nuevas configuraciones en el mercado de trabajo se expresan en la instalación de una economía basada en lógicas de producción capitalistas mediadas por plataformas tecnológicas. Uber, Rappi, Glovo, como principales representantes de un fenómeno que altera las relaciones laborales tradicionales, se autodefinen como simples intermediarios entre un usuario que desea contratar un servicio y un trabajador independiente que lo provee.
Sin embargo, esto que disfrazan de Economía Colaborativa, esconde una lógica de mercado totalmente des-regularizada, sin políticas públicas que la contenga y exijan la garantía de los derechos laborales. Flexibilidad en los horarios, rápido acceso al empleo y autonomía, son algunas de las falacias que utilizan para legitimar prácticas de explotación laboral. Quienes se inscriben bajo estas modalidades, deben poner a disposición no sólo su fuerza de trabajo, sino también los medios de producción: en principio se trata del transporte utilizado para desarrollar la actividad (como la bicicleta o el auto) y el teléfono celular para manejar la aplicación, basada en los algoritmos del capital tendientes a trackear los tiempos, los recorridos, y cada uno de los datos que pueden obtenerse en cada jornada laboral.
Esta situación avanza en un sistema donde, como expresa Rita Segato, «los actos y prácticas que enseñan, habitúan y programan a los sujetos a transmutar lo vivo y su vitalidad en cosas» están presentes en cada esfera social.
En este marco socioeconómico, el sector de la juventud es uno de los más afectados, en tanto es el primero que se ve interpelado por estas transformaciones en el mercado de trabajo.
Frente a esto, entendemos que si nuestro impulso de movimiento está ligado al deseo de co-crear una sociedad más sostenible, colectiva y comunitaria, entonces son los medios, los recursos y las relaciones sociales los que deben ser hackeados, y con esto, nos referimos a una intervención que subvierta el enfoque sobre el que están basados, y que sea la sostenibilidad de la vida la que pase a estar en el centro de cualquier desarrollo tecnológico y de toda dinámica laboral.

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