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Dar cuenta del proceso, por Albertina Bedia

Siempre nos convencieron sobre la diferencia entre pensar y trabajar, cuando en verdad uno piensa trabajando y trabaja cuando piensa. Esto que nos convoca es un derecho hecho realidad: el derecho de tener un Diploma de Extensión Universitaria en Economía Social y Solidaria, y decimos derecho porque la posibilidad de terminar, de poder concretar los niveles de educación no es un beneficio para unos pocos, es un derecho de todos, recordemos la famosa frase que sigue vigente más que nunca “donde hay una necesidad hay un derecho”
Los docentes que conformamos este Diploma estamos convencidos de que se puede,  creemos que este cambio de paradigma que articula la práctica respecto al  trabajo propio de las empresas sociales que son las cooperativas y organizaciones que ustedes integran con  una reflexión sobre esa práctica posibilitada a partir de esta Diplomatura como proyecto innovador, da lugar a un intercambio de aprendizajes de todo tipo:  prácticos, teóricos, de la vida cotidiana.

Se trata de un desafío que apoyamos con el corazón y con el cuerpo entero.
El valor de este proyecto que hoy comenzamos a caminar todos juntos tiene que ver con que el Estado, el aparato educativo, se adapta a las necesidades del pueblo.

Recorrido histórico

Hagamos un recorrido histórico para poder pensarnos y así reflexionar respecto al lugar en donde estamos hoy posicionados  laboralmente, cotidianamente, humanamente. Ello tiene que ver con la historia de sujeto y de país.
Somos hijos de un modelo perverso neoliberal, y por lo tanto, hoy padecemos las terribles secuelas que este produjo en nuestra sociedad, en los diferentes niveles. Sabemos –tenemos experiencia en el asunto- que no solo basta con paliar tales secuelas combatiendo y resistiendo a través del trabajo militante diario, como lo hacemos cotidianamente, sino a su vez, se trata de enfocarnos en la tarea de producir cambios, transformaciones profundas, y, de este modo, construir conjuntamente las bases de una sociedad distinta, de cara al pueblo como agente éste, o protagonista (ya no victima pasivo) de su presente y de su futuro que, como dijimos, tiene que ver con esa historia de país que se hace necesario desnaturalizar, esto es problematizarla, reflexionarla  para no recaer -reincidir en errores (y horrores), y aspirar e inspirarse en progresos. Hagamos memoria…
Si hablamos de políticas neoliberales nos debemos remontar a los “años de plomo”, la dictadura, irónicamente autocalificada como “Proceso de reorganización nacional”…
Pregunto: ¿Reorganización de qué, o mejor dicho; ¿A costa de qué? La Dictadura nos dejo muchas secuelas, además del exterminio de una generación entera (treinta mil desaparecidos, otros tantos miles de exiliados como niños, hoy ya hombres y mujeres, arrebatados de los brazos de sus madres y padres, etc). No les bastó pues con arrasar con la sociedad toda sino que, además, se sembró el terror y se sentaron  las raíces de un modelo de país inequitativo, perversamente desigual, donde cada vez son menos los que mucho se benefician y cada vez más los perjudicados, los que menos tienen pero más les hace falta. Es figurita repetida pero es necesario reconocer que la brecha entre los que más tienen a costa de los que menos se ensancha cada vez más.
Ahora bien, no estamos hablando impersonalmente, hablamos de “mentes fríamente perversas, destructivas”, refiriéndonos no sólo a los milicos asesinos sino también a los responsables de los cánceres que enfermaron durante todos estos años la economía, la educación, la libertad de expresión. Sin embargo  aquí  estamos y debemos estar orgullosos y sentirnos honrados de poder transmitirles a nuestros hijos, a nuestros nietos que, aun así, si uno cree y quiere, se puede. Que ellos el día de mañana tengan las mismas oportunidades de completar los niveles educativos no es ya una ilusión (como recordemos lo fue después de la debacle del 2001) es un sueño hecho realidad, no por azar ni por obra del destino, sino gracias al poder popular.  Como bien decía el comandante Che Guevara “Podrán arrancar mil flores pero nunca harán desaparecer la Primavera”…
Si pensamos que la primavera hoy se traduce en estas nuevas formas de inclusión social que representan las cooperativas y las distintas organizaciones que desarrollan prácticas solidarias, posibilitando el despliegue y afianzamiento de otra economía y  dando lugar a otra subjetividad de los trabajadores, preguntémonos, pues,  cuáles fueron y cuáles siguen siendo esas flores que, rememorando la metáfora del comandante, nos arrancaron desvergonzadamente y que hoy vuelven a florecer . Esta es  la lucha actual, no debemos permitir que lo hagan  ¡Nunca más!
Repasemos  cuales fueron y son esas “flores”  arrancadas:

1)   Nos rompieron la ilusión, el imaginario de que nuestros hijos iban a vivir en un país mejor,
2)   Para hacerlo utilizaron  y maltrataron al Estado  a través del terror y del autoritarismo más atroz pero también a partir de la  fraudulenta deuda con los organismos internacionales.
3)    Es decir que pusieron al Estado y a la política en un cajón y de esa forma ganó terreno el Mercado, las políticas neoliberales
4)   Se produjo pues, un cambio , una modificación profunda de paradigma:

De la valorización del capital por el aparato productivo (trabajo interno, industria nacional, sindicatos obreros) a  la valorización del sistema financiero: valorización del capital (ejemplo, bicicleta financiera, plata a producir más plata) donde el obrero, el trabajador ya no es lo más importante.
Sigamos con el recorrido histórico.
En los años ´40, las fábricas, aunque hoy nos asombremos, estaban conformadas por   diez mil compañeros laburando, hoy parece una locura. En los ´70 los ñatos de la dictadura destruyeron  la clase trabajadora, rompiendo arbitrariamente ese núcleo a través de la flexibilización laboral , el  disciplinamiento del trabajo por el terror y la sangre.
A partir del 2001, post crisis, aparecieron iniciativas de resistencia, de lucha (cacerolazos, saqueos, etc). Recordemos que durante el lapso 2001- 2003 se produjeron movilizaciones populares, agrupamientos, nuevas redes para resistir frente a lo que el neoliberalismo nos imponía.
De 1976 a 2003 nos convencieron de que la política ya no servía, por lo tanto debíamos guardarla  en el cajón de lo que ya no se usa, que lo único que valía eran las leyes del mercado que vienen a ocupar el lugar que tenía el Estado. Hoy, por el contrario y afortunadamente, se está dando un importantísimo cambio a partir del cual los países de América Latina nos hermanamos desde la solidaridad, afianzando los lazos identitarios frente al poder hegemónico del imperio.
Tal como lo expresa Pepe Mujica “Las banderas ya están”, agreguemos nosotros, solo sostengamos la tarea de mantenerlas flameantes.
Ahora bien, ¿cuáles son esas banderas?

1-     JUSTICIA SOCIAL
2-     SOBERANÍA POLÍTICA
3-     LIBERACIÓN POPULAR
4-     INTEGRACIÓN TERRITORIAL

Pues bien, aclaremos que esto no se gana o adquiere detrás de un escritorio (propio de burocracias aún imperantes). Se trata de una lucha constante, nada fácil , en tanto requiere de capacidades humanas : voluntad, esfuerzo y compromiso. Las resaltamos ya que se trata de elementos claves, fundamentales.
Se nos plantea inevitablemente un interrogante:
¿Por qué fuimos anti-estatales? , pregunta que nos hacemos a diario cuando nos interpelamos mutuamente: ¡¿por qué creímos que la opción era Menem?. Lo que es peor ¿cómo lo reelegimos por segunda vez consecutiva?! 
Aflojemos el nivel de autocastigo y volvamos a reflexionarnos como pueblo. La respuesta está delante de nosotros y se traduce en una nueva pregunta: ¿cómo no hacerlo si el Estado nos cagaba, nos quitaba los derechos fundamentales, nos reprimía? ¿cómo no hacerlo si sus administradores de turno, los políticos, eran los garantes de ese modelo neoliberal?. Esto nos incluye a todos, clase social y partido político que fuese, pensemos en posturas anti menemistas, el ejemplo claro de esto fue “la Alianza” que, de alianza no tuvo nada, ya lo sabemos y lo sufrimos, quien no pensó en esa coyuntura: “la política es una mierda”. Pero hoy las cosas comienzan a ser muy distintas, estamos revalorizando la palabra política que tan bastardeada estaba, sobretodo, hablo por mí, los más jóvenes que nacimos en ese contexto de escepticismo político, y que hoy en día vamos descubriendo, perplejos pero convencidos, la importancia de la participación, el compromiso, la identificación ideológica, la militancia cotidiana.
La muerte de Mariano Ferreyra es un claro mensaje mafioso del poder de las patotas sindicales acostumbradas a funcionar de esta manera durante la Dictadura y durante el menemato. A pesar de ello seguimos luchando, resistiendo, comprometidos y más esperanzados en lo que nos toca transitar ya que cuando no alcanzan las políticas que están, surgen otras como lo es el Programa  Argentina Trabaja, la asignación universal por hijo, la ley de servicios audiovisuales  y otras formas asociativas. Ahora bien, sabemos que el camino no está hecho, sino que hay que construirlo. Como dice el poeta español Antonio Machado “se hace camino al andar”.

¿Qué necesita de nosotros este proyecto que hoy comenzamos a transitar juntos?  
La respuesta está en nuestro accionar, en nuestras prácticas cotidianas: FUERZA POLÍTICA y PODER POPULAR.  

De no ser así corremos un serio riesgo de que otros enemigos que andan dando vueltas por ahí ocupen ese lugar vacío, disponible, y  se aprovechen de eso que no hacemos o dejamos de hacer, reiterándose las metodologías ya conocidas, caracterizadas por un mal uso y/o  abuso de autoridad.

Por lo tanto, se trata no solo de resistir ante lo dado (lo instituido), sino de unirse y crear nuevos y poderosos lazos sociales, proyectos y prácticas instituyentes (creativas y fundadoras de nuevas subjetividades inherentes a nuevas lógicas o políticas equitativas). No es simple la tarea que nos ocupa, para concretarla es necesario tener agendas comunes, poder articular lo propio, lo más singular de cada quien con los otros, que dejan de ser “otros” (ajenos, desconocidos, distintos) para pasar a ser “nos-otros”, y así, unidos pero sin negar las diferencias, lo heterogéneo, animarnos a ocupar los espacios del Estado para poder construir el corazón de un país diferente; igualitario, solidario, justo.  En síntesis, hacer  de la diferencia, de la otredad, algo propio (no en sentido individual sino plural, en el sentido de un nosotros), es decir, construir un proyecto común. Pero, con eso solo no alcanza. Hace falta, además de construirlo, lograr mantenerlo en marcha y, para poder sostenerlo, una sustentabilidad inherente al poder popular y a la fuerza política, para lo que se hace necesario “poner a jugar” lo heterogéneo sin desconocerlo. De lo contrario, la diversidad deviene en fragmentación.
De eso se trata nuestro trabajo y mayor desafío en el Diploma: construir desde una metodología que parte de la práctica para  teorizarla y,  en un tercer momento (dialéctico),  vuelve a la práctica ya no en su estado “crudo”, sino como una  “práctica reflexionada”.  Debemos, para ello, sentar y defender nuevas bases, forjar una identidad de país, de pueblo, distinta, superadora, saludable, extirpándole esos “canceres” con los que dimos en llamar a las secuelas que el neoliberalismo produjo.
Concluyendo, lo importante es, en nuestra función de militantes, de formadores de futuros formadores, multiplicar las  voces, afianzar los lazos solidarios que aunque existen están dañados.
Para alentarnos o arengarnos volvamos a los lemas de nuestros  grandes referentes, a los valores, a las ideas libertadoras y liberadoras de fuerzas alienantes y opresivas. FRASE
Si ya superamos el asistencialismo “a lo caritas” y la mera “resistencia” al monstruo del modelo neoliberal, la tarea que nos ocupa hoy en día, es un complejo desafío de constituirnos como sujetos activos, protagonistas -ya no víctimas pasivas-  sino agentes críticos y comprometidos con nuestras implicaciones cotidianas y, a pesar de las dificultades, aun así, seguir adelante, que, como sabemos, juntos somos muchos más.

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