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Darle voz a los sin voces

Por Daniela Foresti

Darle voz a los sin voces, a “los nadies” de la historia, a los que no deciden esta economía pero la alimentan, los que todos los días ponen el lomo para producir riquezas y consumirlas al mismo tiempo. Darle voz a los que son parte de la política de todos los días pero no siempre toman las decisiones. 
Darle voz a tantos protagonistas (por acción u omisión) de la resistencia del pueblo, de la lucha silenciosa que todos los días seguían gritando con voz muda: “Acá estamos, resistimos, no nos resignamos, acá estamos, resistimos”
Resistimos creando, resistimos soñando, resistimos compartiendo en ollas populares, en piquetes de la esperanza, siempre en todo lugar resistimos. Esto es la diplomatura para los militantes y orientadores, es la voz que nos quitaron, es el espacio de discusión y de intercambio que desde abajo generamos cada día pero no siempre puede trascender las paredes de nuestros locales, comedores, casas, etc. Que si lo hacen, si trascienden, si estas palabras son escuchadas, es gracias a la lucha, la organización y las ganas de hacernos escuchar, aun sin vos, aun sin aliento.

Nuestro país vive tiempos de cambio, tiempos de esperanzas, nuevos tiempos que están en discusión constante con los tiempos que fueron, con los tiempos que ya no queremos que sean más, pero, que muchas veces siguen siendo. A esos tiempos que fueron a viva vos les decimos “Nunca mas”, les decimos “Venceremos”. Y en este diploma encontramos herramientas de formación, de debate, de enriquecimiento para seguir luchando todos los días en los territorios por la construcción constante de un proyecto de inclusión, de un proyecto para todos y todas de verdad, de un proyecto de país que empiece a asentar las bases de una nueva economía social y solidaria de verdad. Aunque muchos no sepamos bien, todavía, qué significa, de qué hablamos cuando hablamos de nuevas economías, si es realmente posible la caída del capitalismo o este usas sus crisis para transformarse y renacer. Renacer y renacer más fuerte. No sabemos, pero lo intentamos, porque eso es lo mejor que sabemos hacer, intentarlo. Intentamos todos los días torcerle la mano al sistema, intentamos todos los días ganarle a la televisión, al individualismo, al sálvese quién pueda que nos metieron hasta en la sangre. Pero, nosotros seguimos intentando y lo logramos. Logramos organizarnos, logramos seguir sonriendo, logramos una peña, una revista barrial, un apoyo escolar, un merendero, un comedor, cualquier espacio de encuentro. 
Lo seguimos logrando, porque ya no vamos a retroceder, porque ya no nos bancamos más que nos digan, qué hacer, cómo o dónde. Que nos digan a quién votar, desde qué lugar discutir. Qué nos digan inclusive de qué trabajar o qué nombre tiene nuestro futuro. Desde los barrios, desde la resistencia nos sentimos parte de un nuevo sujeto, un sujeto transformador, que heredó las discusiones y radicalización de los compañeros desaparecidos, un sujeto que sintetiza la sumisión aparente y la rebeldía de los pueblos originarios, pero que también es hijo y victima a la vez del neoliberalismo, herida abierta que se resiste a cicatrizar. Con todas estás pasiones y contradicciones nos sentimos parte de este sujeto que lucha hoy más que nunca por la segunda y definitiva independencia, no solo de la Argentina sino de esta Patria Grande que es nuestra América. Porque las luchas de los pueblos no se sintetizan, en consignas electorales o en reivindicaciones coyunturales, los pueblos tenemos reivindicaciones que nos invitan a dar batallas culturales y económicas, batallas verdaderamente políticas y no las que solo defienden intereses sectoriales.
Para estas luchas que estamos encarnando, para consolidar esta independencia definitiva y latinoamericana, necesitamos herramientas de debate y discusión desde las bases. Necesitamos, como ya dijimos pero no nos cansamos de repetir, darle voz a los sin voces, relacionar a los oprimidos para que desde el lugar en el que están puedan soñar y construir el lugar donde se quiere estar. Pensamos y reconocemos entonces, la diplomatura como una herramienta de transformación, en la que distintos sectores nos juntamos a compartir estos sueños y proyectos.  
Durante los últimos años nos hicieron creer que las universidades eran para pocos iluminados, que habían tenido la suerte de acceder a un estudio superador, que eran solo estos sectores lo que podían estudiar y acceder a los lugares de poder en todos los órdenes de la vida. Teniendo en cuenta esto, insisto en lo transformador de esta experiencia, en la que es la universidad la que busca a este sujeto del que nos sentimos parte, la que necesita de la territorialidad de la construcción cotidiana, de la lucha por ganar la calle, las ideas, las esperanzas. Lucha que también de modo invisible, la universidad desde algún lugar, venía dando. Es la necesidad de que todos los sectores que soñamos con esta patria grande cultural y económicamente independiente nos juntemos a pensar los cómo de esta tarea que día a día estamos construyendo. La necesidad de juntar saberes, académicos y vivenciales, abstractos y concretos, reales y al mismo tiempo ideales.
La diplomatura es materializar, semana a semana, experiencia a experiencia, la convicción que expresa que “de lo que hagamos y construyamos todos cada día, depende el futuro de cada uno, que en definitiva es el futuro de todos.” En palabras de Freire “Nadie libera a nadie y nadie se libera solo. Los hombres se liberan en comunión”.

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